No hay tormenta perfecta ni cuerpo que la resista

23 de septiembre de 2012

by MARTHA ZEIN

Los monstruos marinos existen. Para nosotr@s desde hace unos días se llaman Bora. http://es.wikipedia.org/wiki/Viento_bora Nos salvamos de sus dentelladas como los buenos de las películas: por los pelos, por un golpe de suerte, por precaución… Estamos de camino a Venecia y no podemos evitar recordar aquella ocasión en la que la travesía fue algo más que intensa.

Sucedió hace un par de años. En el velero íbamos Oskar, Marta, Jaume, Manuela, Katia, Toni y yo. Las previsiones indicaban que el viento podría alcanzar fuerza 7, pero la superó. Hubo un momento en el que ganamos cada ola y jaleábamos cada milla que nos acercaba a nuestro destino mientras se montaban tornados detrás de nuestro velero. Afortunadamente, nunca nos llegaron a alcanzar. Alcanzamos la laguna de Venecia exaust@s y felices, en medio de la bruma. Tan afortunad@s nos sentíamos que saludábamos con nuestra pequeña trompeta a todos los grandes cruceros con los que nos cruzábamos frente al Lido.

Boreas representado por Rubens. Según cuenta Ovidio en Las metamorfosis Boreas secuestró a la princesa Oritía mientras ella jugaba con un río

Esta vez regresamos a Venecia por un camino más largo: bordearemos el golfo de Trieste. Si tiene que aparecer, el monstruo lo hará allí. Tenemos amigos que nos han contado hasta qué punto es cierto que el bora es un viento cambiante capaz de aparecer en medio de un día despejado y convertir la navegación en un infierno a tan sólo ocho millas de la costa…

Aún nos quedan unas 40 millas para llegar a este destino, sin embargo parece que Boreas ya quiere marcar su territorio. Han anunciado dos días de vendaval con rachas que podrían superar los  50 nudos (fuerza 10). Ante tales perspectivas, abandonamos a primerísima hora Pula y buscamos refugio a 17 millas, en la marina de Rovinj.

Rovinj visto desde nuestro amarre en la marina. De fondo, la tormenta.

Llegamos con el tiempo suficiente para ver cómo los pantalanes, que estaban vacíos, se iban llenando con veleros a medida que avanzaba el día. El último llegaría poco antes de que se desatara la tormenta, a eso de la siete de la tarde, con un viento que ya alcanzaba los 20 nudos. Estábamos doblemente satisfech@s por haber acertado en nuestros cálculos. No hay nada tan satisfactorio como esperar en un buen puerto a que pase la furia, a esto llamo yo “una tormenta perfecta”.

El Brancaleón salta en el muelle y las nubes precipitan el atardecer. De fondo tenemos la selección de música que me pasó Alice; sobre la mesa hemos desplegado el portulano, los mapas, el gps, un par de tisanas generosas y humeantes, los papeles y folletos que ayer recogimos en Pula y un par de buenos libros. Llevo unos días fascinada con “Universos paralelos. Los universos alternativos de la ciencia y el futuro del cosmos” de Michio Kaku. Editorial Atalanta. Es riguroso y al mismo tiempo fácil de entender para quienes no somos expert@s en física cuántica y astrofísica. Ahora estoy en la parte del libro en la que el autor explica con seriedad, aunque de manera especulativa, cómo una civilización avanzada podría utilizar las leyes de la física para abandonar nuestro universo para entrar en otro más hospitalario o incluso hasta qué punto podría saltar en el tiempo y regresar a la época en la que el universo era más cálido. En fin, recomendable.

Así estaba el anfiteatro romano la noche en la que se proyectó una película en 3D durante el Festival de Cine de Pula

En los huecos relamo nuestro última noche en Pula. Habíamos fondeado el barco frente al anfiteatro. Hace dos años paseamos por su interior y conocimos de cerca su historia. Fue construido en torno al año 79 d.C.por el emperador Vespasiano y rematado por su sucesor Tito, en el 81 d.C. Su construcción se realizó sobre  un pequeño anfiteatro de piedra erigido durante el principado de Claudio y antes existía en el mismo lugar otro, de madera, levantado durante el gobierno del Princeps, Augusto. Es decir,  el lugar lleva más de 2000 años ofreciendo representaciones, haciendo que el público viva dos veces… Visto desde el mar, aquel monumento parecía mirarnos sobre los hombros, apostado al borde del malecón. Me conmueve saber que es en este edificio (se le conoce coloquialmente como “la arena”) donde se celebra el Festival Internacional de Cine de Pula  (Festival igranog filma u Puli, en croata), que este año cumplía su 59 edición.

Entre los papeles que cubren nuestra mesa está el pequeño folleto que aún rondaba por uno de los bares de la ciudad. En él se incluye una reseña de una de la velada del festival (se organizó entre el 14 y el 28 de julio) en la que se proyectó una película en 3D. Lo deduzco por las fotos, porque sigo sin entender el croata. Por otra parte, las cifras son universales, de modo que comprendo que aquella noche el anfiteatro alcanzó el record (lo escriben en inglés) de público: 5.920 personas.

Zeljka también se coló en la exposición (el cartel, de fondo)

Dos meses después de aquel evento, nuestra noche en Pula también tuvo algo que ver con el cine. Frente a la terraza del pequeño konoba en el que departíamos con Zejkja, empezaron a pasar hombres y mujeres con ese aire que tienen l@s artistas y creador@s del audiovisual. Me resulta muy fácil identificarles, aunque no sé exactamente cómo argumentarlo. Podría decir que les delata su ropa negra (que rompen con colores y complementos atrevidos), las camisetas con diseños en un idioma que no es el local, el color y modelo de las gafas… o quizá sea la forma de andar o ese color desvaído de quien pasa muchas más horas delante de una sala de edición… el caso es que empecé a decir en alto que algo se estaba cociendo en la ciudad vinculado con el mundo de la imagen.

Tanto insistí que Toni se acercó a un chico que me recordaba a nuestro amigo Toni Lara y le preguntó a dónde iba. Resulta que al día siguiente se inauguraba TU SMO 3 (que significa “Estamos aquí” 3), una exposición internacional multimedia en el edificio de una antigua imprenta y aquella noche organizaban el pase para los medios e invitad@s más cercanos a l@s artistas. El evento, organizado por el Museo de Arte Contemporáneo de Istria, incluía exposiciones, intervenciones urbanas, performances, proyecciones de video e instalaciones de un@s 150 autor@s. De la mano del doble croata de Toni Lara, nos colamos en el edificio, en el que algun@s estaban aún culminando su instalación.

En la exposición había referencias a esas películas que nos montamos y que palpitan tras nuestras crueles realidades

Sí, definitivamente tengo buen ojo para distinguir a “un@ de l@s mí@s”, aunque después de esta experiencia en el Brancaleón soy incapaz de saber a qué universo pertenezco. ¡A ver si la respuesta la tiene Michio Kaku!.

De regreso de la pequeña aventura artística, encontramos el anfiteatro iluminado. Su fulgor se colaba por las escotillas de nuestro velero, arrullando las lecturas en nuestro camarote. Aquella noche me resultó más fácil imaginar el mar de gentes que, a sus pies, vieron aquella peliculita en 3D. Digo “peliculita” con cariñoso respeto porque si bien no hay nada comparable a la emoción que genera una tormenta real, un beso real, un rugido real, ellas, las peliculitas nos permiten sentir aquello que no nos sucede. El problema es que terminan pesando en nuestro imaginario, ese lugar en que Goya localizó la fábrica de monstruos.

El anfiteatro romano, de noche

Mientras el viento se crece en el exterior del Brancaleón, saco la lengua al miedo. Para empezar, en la vida real los monstruos tienen nombre y apellidos, son finitos y falibles, y si se trata de fenómenos de la naturaleza, tienen un principio y un final por terribles que sean.  Sé que mientras existen parecen interminables y si están por suceder se crecen, pero ahora no es el caso. El Bora que está abriendo su boca sobre el Brancaleón ruge con fuerza fuera de la marina.

En ocasiones como ésta, en la que el viento ulula entre los cabos y mástiles, mi imaginación está tentado a convertir el mar en un monstruo devorador. Creo que me arrepiento de haber visto ciertas peliculitas, por magistrales que sean. “La tormenta perfecta” (2000), por ejemplo, me impactó doblemente porque está basada en un hecho real vivido por pescadores de pez espada de Gloucestger (Massachusetts, EE.UU). Aunque si dejo que el miedo hurgue, puede sacar de su chistera un híbrido formado por vídeos de Internet y los monstruos y tempestades de esos relatos de terror decimonónicos que me gustaba leer de adolescente, como los de William H. Hogdson (“La nave abandonada y otros relatos”, “Un terror tropical y otros relatos”…). Ay, prefiero este viento de carne y hueso.

¿Cómo lo estará viviendo Bego?. Sabemos que partió de Venecia con tormenta y que el ferry llegará a Robinj con una hora de retraso porque nos ha mandado un par de concisos mensajes. Si, Bego vuelve. Hace unos días que confirmó que cruzaría con nosotr@s el golfo de Trieste. Ha visto las imágenes de la Barcolana, una regata espectacular que se celebra el segundo domingo de octubre, y quiere llegar a esta emblemática ciudad por mar. Con su regreso se convierte en el broche  de oro de nuestra aventura: hizo la travesía de Menorca a Sicilia con Nuria y Maria José y ahora se apunta a otro trayecto marinero.

La Barcolana da un golpe de timón a mi imaginación, que empieza a ponerse turbia. La imagen de 2.000 veleros sorteando el Bora en un recorrido de 16 millas náuticas levantan el ánimo a cualquiera. Lo que me parece más divertido es que en la carrera puede participar cualquier velero de más de 6 metros de eslora, lo que permite que principiantes, aficionad@s, familias… compartan la línea de salida con profesionales y embarcaciones grandes.

Una imagen de la “Barcolana”, una regata que este año cumplirá su 44ª aniversario

Las tormentas son mucho más cómodas en tierra, además, no hace frío, de modo que cogemos los chubasqueros y nos acercamos al puerto a dar la bienvenida a nuestra amiga. Por el camino, voy recordando los detalles de Rovinj, localidad en la que ya fondeamos hace un par de años. Las decenas de pequeñas embarcaciones amarradas en el puerto parecían saltar del agua como boquerones acosados por las caballas. Una imagen menos lírica que la que vimos entonces, al atardecer de un día despejado, sin embargo no dejaba de ser “pintoresca”. Sólo cuando entramos en el ecomuseo que aún se mantenía abierto en un edificio del s. XVII situado junto al muelle al que llegan los ferrys, aquella suma de barquitas adquirieron su verdadero sentido. Se llaman batanas y son un tipo de barco de pesca tradicional reconocido en Rovinj como seña de identidad.

La batana se vuelve, en este museo, la clave en torno a la que gira el patrimonio cultural de la localidad, desde las bodegas en las que se reunían los pescadores en días de tormenta como éste a las especialidades culinarias y esas canciones que los hombres cantan a capella y que recuerdan a las habaneras. En ellas aún puede escucharse el rovinés, un idioma a punto de desaparecer pues hoy sólo lo hablan l@s ancian@s.  Se trata de la “bitinada”, que los pescadores cantaban mientras cosían las redes. Normalmente uno de ellos improvisaba y tiraba del grupo, que le acompañaba la melodía imitando el sonido instrumentos de cuerda, creando armónicos. cuyas letras hablan de amores, atardeceres, el canto de las aves… y, por supuesto, las tormentas.

Para mantener la tradición, una vez al año el pueblo construye una batana, tal y como se puede ver en esta crónica realizada por una televisión local.

Cuando Bego puso el pie en tierra, el cielo pareció romperse en dos, pero a nosotr@s qué: volvíamos a estar junt@s y nos quedaban días por delante, así que nos metimos en un bar local, dejando que las nubes hicieran su trabajo, que no hay tormenta perfecta ni cuerpo que la resista.

 

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2 comentarios to “No hay tormenta perfecta ni cuerpo que la resista”

  1. No vos penseu que no pens amb vosaltres. Ho faig, i molt…El que passa és que estic bastant embullat amb projectes televisius. Un abraçada ben forta!!!

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