En esto consiste navegar al encuentro de una foca

22 de septiembre de 2012

by MARTHA ZEIN

!Buenos días!

Nada más abrir los ojos exclamé ¡Focas!. El cielo estaba despejado, la tormenta había amansado el mar de tal manera que parecía agua dulce y con un azul tan claro sería fácil ver una foca monje buscando alimento. Aquello era buscar una aguja en un pajar, ya sé, pero nos habían dicho que entre la isla de Cres y Pula habían avistado un ejemplar de esta especie en peligro crítico de extinción. Aunque hoy apenas sobreviven 600 ejemplares en todo el planeta, sabíamos que nuestro encuentro era posible.

Hace años que Toni participa en actividades vinculadas con la recuperación de la Monachus Monachus en el Mediterráneo, en 2009 le encargaron en su momento una campaña de información sobre esta especie tras el avistamiento de una hembra en las aguas de Mallorca. Sabemos cómo son, sus costumbres, el cuidado que se ha de tener en caso de que nos topásemos con una… Es decir, estábamos preparad@s para un encuentro amigable y pacífico, todo era cuestión de suerte. Por otra parte, ya habíamos algún ejemplar de cerca.

Viktoria antes de ser liberada

“Mi primera vez” fue en febrero de 2008. Fui con Toni y Joan Mayol al parque natural de las islas Espóradas del norte (Alonisos), para asistir a la liberación de un ejemplar que habían rescatado en la zona.

En aquella jornada pude contemplar el dulce rostro de una foca monje. Se llamaba Viktoria, tendríamos más o menos la misma altura, es decir, aún era muy joven (un ejemplar adulto llega a medir 3 metros y pueden llegar a pesar 300 kg), sus movimientos en tierra eran tan torpes y su actitud tan mansa y confiada, que generaba una enorme ternura a su alrededor. No me extraña que la mujer que la rescató se lanzara al mar embravecido como si fuera a salvar a un ser humano. Débil y agotada, la cría tenía sólo 4 días de edad y pesaba 15 kg cuando la encontró.

El día en que devolvieron a Viktoria al mar

Y ahí estábamos ahora los dos. Apenas despuntaba el día cuando, Toni por estribor y yo por babor, ya habíamos tomado posiciones. Sí, estamos dispuest@s a encontrarnos con una de esas “…focas de natáfiles pies, hijas de la hermosa Halosidne, que salen del espumoso mar exhalando el acerbo olor del mar profundísimo…”, que es como las describe Homero en la Odisea, aunque en realidad no hacemos otra cosa que pensar en el paradero desconocido de Victoria y en la figura huidiza del cachorro con el que nos encontramos casualmente en septiembre de 2008.

Así aparecen las “focas dnatáfiles pies, hijas de la hermosa Halosidne” en el mosaico de Otranto

Terminábamos el recorrido de aquel año por el Egeo cuando Toni y Bruce decidieron hacer su última inmersión de la temporada. Durante el trayecto encontraron una cueva que cumplía todas las condiciones para que una hembra pudiera instalarse allí. Nada más asomarse a ella encontraron a una pequeña foca. Para evitar su estrés, salieron suavemente de su refugio, sorprendidos por aquel hallazgo.

El mar subraya, convirtiendo en una joya cada objeto.

Se trataba de tentar al azar y mirar detenidamente, nada más. Sabiendo que se encontraba en las inmediaciones, ya habíamos bordeado Cres con detenimiento, haciendo que el salto a la costa continental de Istria fuera especialmente lento. Además, Cres sería nuestra última isla, queríamos saborear la solitud que facilitan las islas y más en esta zona, en la que abundan islas, islotes y peñascos sin huella humana.

Como en otras ocasiones en nuestro recorrido por el archipiélago croata, encontramos ruinas de sencillas casas de labranza, pequeños muelles en los que probablemente no se refugie una barca desde hace un par de generaciones,.. Queríamos navegar con lentitud, la única premura la marcan los nubarrones negros, que determinan el lugar en el que pernoctamos y dejamos pasar la lluvia, como sucedió ayer: Nos quedamos apenas a nueve millas de Pula forzados por una inesperada tormenta, lo que nos permitió disfrutar de un enclave que ya Toni ya había marcado en el mapa. Se trata de una bahía a la que no logramos poner nombre, situada frente a un islote llamado Sekovac.

El cielo compitiendo con la belleza de la costa, en esa bahía sin nombre frente a un islote llamado Sekovac…

Preferimos fondear a amarrarnos en un puerto y evitamos los clubs náuticos, un destino que en cuanto abandonemos Croacia y saltemos a la costa italiana será forzoso. Es decir, elegimos calas, bien orientadas al viento que gobierne el día, en las que solemos ser la única embarcación, como sucede desde hace más de una semana. Ahora que lo pienso, vendríamos a tener un comportamiento parecido al de la foca monje. Si alguien tiene todas las papeletas para encontrarse con una somos nosotr@s.

Los pescadores ya estaban en sus barcas, con los anzuelos en el agua, cuando arrancamos el motor. “Apenas hay viento, quizá la foca se esté paseando entre las redes, uhm, para ellas son todo un super…”, me animo. Probablemente algunas de estas embarcaciones procedan de Zaljev Rasa, el puertecito en cuyos aledaños fondeamos hace un par de días, cerca de la boca en la que desemboca el río Rasa. En el único restaurante del lugar, donde cenamos, encontramos fotografías que muestran cómo era el lugar a principios de siglo, cuando la extracción del carbón era una importante actividad económica en la zona. Reconocemos algunas de sus casas, parte del muelle actual… La bahía no ha cambiado tanto, aunque sí su uso: hoy los oxidados barcos pesqueros marcan la humilde actividad del pequeño puerto.

Cónclave de cormoranes a las puertas de Pula

Fijamos la vista en todo lo que sucede en el horizonte, ensimismad@s. El mar parece un templo. La búsqueda de la foca monje impide que me pierda en mis mares interiores. En ocasiones levanto los ojos del azul para observar la costa continental, a la que empiezan a asomarse las urbanizaciones ambiciosas. “Adiós a las islas y sus microcosmos”, murmuro.

Pula está al final de esta lenta cuenta atrás. Conocemos la ciudad, hemos recorrido sus calles en otros viajes. Sabemos que antes de entrar en el puerto tendremos que bordear su descompuesto rompeolas, dejar a un lado los astilleros con sus oxidadas instalaciones y toparnos de frente con el coliseo romano (siglo II) que parece apostado en el malecón.

Los graffittis de los numerosos edificios abandonados saludan a quienes acceden por mar a Pula

Pula tiene la rancia belleza de las ciudades que fueron gloriosas y cuyos habitantes las mantienen vivas al margen de su pasado. El hecho de que en sus inmediaciones se encuentren las islas de Brijuni (elegidas por el Mariscal Tito para pasar sus vacaciones, hoy Parque Nacional) da sentido a los numerosos edificios militares abandonados que hablan de un pasado en el que la ciudad tuvo un mayor peso administrativo y geoestratégico.

Cuando apenas quedan dos millas para llegar a la ciudad asumimos que el encuentro con la foca pasará a ser uno de los mitos de nuestro viaje.

Aquella noche, hablando con Zejlka (sí, la mismísima “prima de los agentes Hernández y Fernández”, aquella asesora medioambiental con la que trabajó Toni en Lastovo), veré el vídeo que han colgado unos turistas alemanes en youtube. En él muestran cómo encontraron el ejemplar de la foca monje en Cres y el estúpido trato que le dispensan. Imagino el estrés del pobre animal.

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5 comentarios to “En esto consiste navegar al encuentro de una foca”

  1. Lola said

    Gracias, de nuevo, por compartir.
    Me ha encantado el relato. Mis mejores deseos hoy son para la “Foca Monje”, que soporta nuestros abusos. Ojalá se recupere!!!!!
    Mil besosva los dos y otros tantos para Oskar (;-)) por ser tan especial.
    Muakkkkkkkkk

  2. mika said

    Mmmm, qué degustación de los días de finales de verano y todavía estamos camino del encuentro con la foca misteriosa, com el camí a Ítaca, gràcies per compartir-lo! besosss

    • Mika, guapa!. Para mí el vell marí y tú vais de la mano! Recuerdo la primera vez que te vi, probabas la zodiac con la que días después recorrerías una parte de la costa de Mallorca con Carlota, para informar sobre la foca… Es raro, pero me parece que te conozco desde hace muuuuucho más tiempo. Tengo ganas de que me cuentes detalles sobre tu viaje con el Nautiluca, capitana. Mil besos

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