Hay risas que retrasan las tormentas

10 de septiembre de 2012

El impactante cartel de la peli, me sigue gustando el diseño

by MARTHA ZEIN

 

Si alguien tiene a mano el largometraje, Sergi es el niño que empuña una tijera con la intención de hincársela en una pierna a un adulto cuando es detenido por un golpe que éste le atesta con un remo. La escena se grabó varias veces: plano corto, medio, detalle…

Mientras Sergi contaba que aprendió que un minuto de una película puede tardar en rodarse horas yo no pude parar de reír: ¡Cada plano era un golpetazo con el remo!. Le imaginaba regresando a casa tras el rodaje, exultante por una experiencia de la que había disfrutado con la entrega de los payasos; podía hacerme una clara idea de su sonrisa imperturbable mezclada con el cuerpo magullado. Cuando empezó a contar que uno de sus amigos aprendió a adelantarse a uno de aquellos golpes para que doliera menos y que Ibáñez Serrador en persona le retuvo por los hombros para lograr que el plano corto de la caída resultara creíble, los torcijones de la risa me tiraban al suelo.

El protagonista de esta historia, Sergi, con su amor, Montse

He de decir a estas alturas que una de las muchas facetas de Sergi es la de actor, por tanto su forma de relatar la historia era deliciosa. La anécdota llegó a su clímax cuando describió la velada en la que el director estrenó su película de terror en Menorca como una forma de agradecimiento a sus habitantes, lo que hizo que el cine estuviera abarrotado.

Un fotograma de la peli, quizá uno de los niños del fondo sea Sergi

Empezaba la trama a subir de tensión cuando la actriz principal exclamó “Oh, qué aguas más cristalinas”, refiriéndose al lugar donde minutos después comenzaría la tragedia. Aquel año precisamente esa cala (el puerto de Maò) en la que había sido rodada la escena había sido cerrada por la contaminación generada por infinidad de vertidos, de modo que la sala entera rompió a reír estrepitosamente. Imagino la cara de estupefacción de Ibáñez Serrador al comprobar que su película !En vez de provocar miedo causaba risa!. Aaaaay, que me despiporro, aaay.

Con el tiempo aquel niño asesino se convirtió en director de teatro, medioambientalista, economista, socioambientalista… una trayectoria digna de recordar en estos tiempos de crisis.

Izilda trajo la dulce melodía brasileña al Brancaleón

En fin, el caso es que Sergi y la fábrica de risas seguía a bordo cuando embarcaron Izilda y Marina, haciendo real el “síndrome del segundo hijo”. Montse y yo habíamos acuñado el término semanas atrás para referirnos al malestar de alguna de nuestras amigas cuando daban a luz a su segundo retoño. Al darse cuenta de que eran capaces de amar al nuevo bebé del mismo modo que amaban al primogénito sentían que estaban cometiendo de alguna manera una infidelidad, por absurdo que pareciera. El cambio de turno en el Brancaleón había sido tan rápido que aún no había comenzado el pequeño duelo de la despedida cuando ya llegaba el alborozo por la llegada de la nueva tripulación. Era inevitable abrazar con efusión a Mariona, cuya alegría de vivir ya me había contagiado en otros viajes náuticos, mientras que el melodioso acento brasileño de Izilda me devolvía a periplos de juventud, aquel viaje por Salvador de Bahía junto a mi amiga Yolanda…

Nuestro corazón volvió a expandirse, por imposible que nos pareciera, como viene sucediendo desde que salimos de Alcudia hace meses y nos despedimos por primera vez de Jaume (Roselló)… Esta vez lo hizo lentamente, contagiado por el paisaje: en la bahía de Komolac, cerca a la ciudad de Dubrovnic, el Mediterráneo se desenlazaba de la ría con el detenimiento de quien ha disfrutado de un intenso y largo beso. El verano también iba dulcificando sus rigores, haciendo que fuéramos reduciendo el número de baños casi de uno a uno, como los niños chupan sus últimos caramelos.

Con Mariona e Izilda, una cervecita tras dejar Lopud

A partir de ahora, cada vez que levamos anclas el mar nos recibirá algo más altivo, pero el entusiasmo de las nuevas brancanautas, dispuestas a vivir la experiencia del viento resulta contagiosa… y, como ellas, retenemos los detalles del recorrido. Ahí estamos de nuevo en Lopud, parte de ese canal de Calamotta que describió el Arxiduc en 1910 y en el que ya nos hemos bañado en varias ocasiones, pero es sólo ahora cuando lo apunto en mi cuaderno de viajes. Este canal empieza por el sur delante de Dubrovnik y termina en el norte en el canal de Ston (entonces Stagno) un lugar que tenemos marcado en el mapa. Las islas que lo forman son conocidas como las Elafitas y el Archiduque hace referencia a tres de ellas: Calamotta (hoy Kolocep), Mezzo (ahora Lopud) y Giuppana (Sipan, la mayor de las Elafitas).

En “Der Kanal von Calamotta” (Praga 1910), el Arxiduc describe así el Canal de Calamotta: “Reúne como ningún otro una cantidad grande de sitios ideales para anclar. Son tres islas sin contar las pequeñas que están cerca: en el norte Giuppana, en medio Mezzo y en el sur Calamotta, cual dio como la más cerca de Ragusa, el nombre al canal. Muy diferentes en sus estratificaciones están situadas aproximadamente en la misma distancia de la tierra firme  (…)

Cae la tarde en el canal de Ston, que se asoma al fondo

Así lo vió en 1906 el Arxiduc

Con doble excitación vamos recorriendo el canal de Ston, una estrecha y larga raja abierta al mar, por la que llegamos, después de casi una hora de navegación, a una salina semi-abandonada de Ston. La mar está tranquila, el día es claro, Izilda y Mariona estrenan sus primeros días a bordo. Las murallas que lo rodean nos recuerdan a aquella impresionante vista de Kotor (Montenegro) con la que nos encontramos hace un par de años… Hoy recorrerlas por encima es uno de los atractivos turísticos de la localidad, que se divide en Veli Ston y Mali Ston. Este punto es muy peculiar porque es un pequeño itsmo de un kilómetro por el que han de pasar todas las comunicaciones con la larguísima península de Peljesarc (de 70 kms). Toni lo compara con el rabillo de una hoja.

En 1906, el Arxiduc Luis Salvador las describe así: “Stagno grande y Stagno piccolo parecen pueblos antiguos donde no ha cambiado nada; viejos muros, viejas casas – todo es viejo, hasta la enarenación; todos testigos mudos de historias pasadas. Las almenas medio destrozadas salen desde los muros que los rodean de una manera fantasmal.”

Veli Ston aparece ante nuestros ojos, en 2012

Veli Ston en un grabado del Arxiduc Luis Salvador, 1906

Si  bien para el Arxiduc aquella ciudad era un lugar “sumamente extraño”, con “callecitas  que corren en la parte plana paralelamente y suben luego en escalones hacía las alturas de las colinas de detrás”, para nosotr@s es un pueblito tranquilo tras la resaca de la temporada alta. Compramos melocotones (manjar para la boca de Izilda) y los primeros higos de la temporada. Es decir, deshojamos voluptuosamente el calendario, desafiando a los pescadores de Mallorca, que dicen que el verano termina con la Mare de Deu de Agosto (que cae el 15 de ese mes). ¿Acaso aquella dulzura equivalía a la calma previa a la tormenta?. No en vano Lluis  Ferrés Gut, en su libro “Secretos del Mediterráneo” (que está a bordo por el impulso de Nuño y María) asegura que en este mar sólo hay dos estaciones: el verano, corto, y el larguísimo y duro invierno en el que las embarcaciones se atan a tierra.

Los primeros higos…

Comienzan los indicios: La humedad nocturna hace cada vez más incómodo dormir bajo las estrellas, el viento ya refresca, enfría. En cambio, cada salto a tierra se convierte en algo especialmente emocionante: es la calma después de la tormenta turística. Las terrazas muestran sus sillas vacías como cuando termina un espectáculo, aparecen entre ellas restos de programas de mano, envoltorios de dulces y chucherías, la actividad ahora sucede entre bambalinas. L@s camarer@s ya no estaban de pie, sino sentad@s, hablando consigo mism@s. Las plazas se desnudaban devolviendo el protagonismo a l@s niñ@s y sus juegos. Los souvenirs se hacen evidentemente más horteras e inútiles ahora que ya no hay sol que de sentido a sus gafas de plástico, pareos y sombreros imposibles.

Y a nosotras, plin, que entre los restos de la temporada alta aún hay agua…

En su retroceso, la ola turística deja a la vista huecos en los muelles, facilitando el encuentro de quienes se lanzan al mar apurando el verano. Fue así, por ejemplo, como nos cruzamos con Giuseppe y Marc. Les encontramos en el muelle, observando de cerca los detalles del Brancaleón. Se habían fijado en el velero al verle entrar en el puerto porque también navegan en un barco de madera un par de años más jóven, Astarté II. El nombre, por supuesto, forma parte de su atractivo. Astarté hace referencia a la diosa fenicia de la naturaleza, la vida y la fertilidad. Istar es la Gran Diosa Madre del Neolítico, personificación de las energías reproductivas de la naturaleza que con el tiempo las religiones y sus hombres transformaron en el santificado negocio de la prostitución, apropiándose de forma unilateral de los placeres de la carne.

Detalle de los relucientes latones y exultantes barnizados Astarté II

Giuseppe lleva años recuperando su embarcación, con ella ha participado en varias regatas de vela clásica (ganó una de ellas en Mallorca). En su móvil, como si fuera un miembro más de su familia, lleva el retrato del nuevo mástil de madera que le está construyendo un maestro veneciano… Mientras tomamos un vino en su impoluta bañera, Giuseppe nos cuenta que ha navegado en el Brancaleón, pues conoce a Giacomo. La conversación duró horas. No somos ni hombres ni mujeres, ni abogados, narradoras o medioambentalistas, sino personas que amamos los barcos de madera.

Giuseppe y las brancanautas

De noche, las tertulias en cubierta se hacen más cortas y las lecturas a la luz del candil más largas. El hecho de que dentro de unos días Marcus llegue a Split procedente de Copenhague para incorporarse a la tripulación orienta mi curiosidad hacia el palacio de Diocleciano y las experiencias que ya hemos tenido en aquel puerto. Juan ya me había comentado, fugazmente, que este emperador romano era uno de sus personajes históricos favoritos. Desvelada, busco en la pequeña biblioteca del Brancaleón alguna historia que me arulle a esas horas en las que todos resoplan, bufan o roncan. En una guía turística encuentro que parte de las canteras de Hvar dieron piedras para aquel palacio en  el que se recluyó el emperador cuando cumplió los 20 años al frente del gobierno, tal y como había previsto durante su estancia en el poder. En este sentido, una coherencia ejemplar para nuestr@s gobernantes.

Detalle del palacio de Diocleciano en Split

Es así como, tirando del hilo, me encuentro con los bagaudas, el ejército de campesinos, libertos, esclavos, pequeños propietarios arruinados,  braceros, bandoleros, desertores, colonos… que se enfrentó al ejército de Roma poco después de que Diocleciano fuera aclamado emperador. Hartos del peso de los impuestos, el aumento del autoritarismo, la corrupción administrativa, la opresión y la pobreza… se sublevaron contra Roma con la intención de crear una sociedad libre gobernada por leyes que no fueran las de aquel Imperio en decadencia. Sé que Diocleciano fue nombrado emperador y acabó con aquella tormenta,  pero terminaré soñando con que Axterix y Obelix aparecían en Mallorca, dispuestos a enfrentarse a Bauzá.

Cuando abro los ojos Toni lleva horas mirando el mar en silencio. La hoja de ruta manda, este turno debería terminar en Pula. La abundancia de islas en Croacia es tal que siempre parece que es fácil encontrar un lugar cerca en el que refugiarse en caso de mal tiempo. Sabemos que es una trampa y que la calma es un bien perecedero, pero las ganas de Izilda y Mariona de probar los límites son contagiosas y nos olvidamos por un rato los indicios…

En tierra, islas de cipreses, que no se sabe muy bien por qué juntos impiden que avancen los incendios

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