Split/Dubrovnik, un trayecto entre paréntesis

25 de agosto de 2012

by MARTHA ZEIN

Las letras y los signos ortográficos guardan poemas en su médula; todo el mundo lo sabe pero nadie lo recuerda, salvo cuando aparecen seres como Joan Brossa y juegan con ellos a la vista de tod@s. Como aquel día en el que demostró que los dos arcos del paréntesis son las mitades de un lunar, como resultó evidente.

… A mi me pasa al revés: veo eñes coronando las olas y a los puntos suspensivos salpicar por proa, por eso sé que Chema Madoz no miente: vió una lluvia de horquillas desbaratando su pelo, lo sé aunque nadie estuvo allí.

Quizás sean los efectos secundarios de estos tres meses en el envés del agua los que me permitan afirmar que Split es el primero de dos paréntesis, que es lo mismo que decir que es el primer hoyuelo de una boca sonriente o la ceja izquierda de unos ojos desorbitados por la sorpresa o la curva más cercana de esa cadera siempre generosa. Split no es sólo un lugar sino la corona torcida de una frase que empezamos a pronunciar ahora pero que no tendrá sentido hasta llegar al final (Dubrovnic).

¿Quién lanzó este anzuelo? ¿Somos su pieza deseada o simple cebo?

Ponemos el pie en tierra en la marina de la bahía Luka Poljud, vecina a Split y la arquitectura nos sigue el juego. Un anzuelo gigante se asoma a la escollera del paseo marítimo y todos somos peces o quizá el cebo de una especie mayor. En el otro extremo de nuestro recorrido espera Dubrovnik, haciendo de estos días una exhalación en la que navegamos sol@s, entre el tierno duelo de la despedida (una suma de adioses a los que se han añadido Mamen y Juan) y la inquieta alegría de los que vendrán (Sergi, Quique y compañía). Split y Dubrovnik no son un lugar sino las asas de una tinaja inmensa desbordada de azul.

Una mariposa se asoma al plato. Quizá crea en el verde un absoluto, un destino convincente. Como todo el mundo sabe, las mariposas son cortas de vista. En ausencia de acompañantes, el silencio de las presencias minúsculas atrapan aún más y permiten que otras imágenes sea hagan presentes, no importa que vengan de atrás o sean simples suposiciones. L@s brancanautas nunca se van del todo, aquí está el aceitito de Mamen, el cuarzo de Nuria, los guantes de Begoña…  Su presencia transforma la comida y veo corazones en mi plato.

    

Bordeamos Brac en medio de un silencio alado, viendo como se rebela el viento y empuja con fuerza al Brancaleón por popa. Va de la risa a la ira con facilidad, que para eso son casi emociones palíndromas. Llevamos en  las retinas imágenes locuaces, como las que hicimos en Uvala Luka (no hay isla que se precie que no tenga su propia “Uvala Luka”, que vendría significar “Cala Puerto”) al pequeño konoba en el que jugaban l@s niñ@s, mientras sus progenitores atendían a los pocos y sonrientes clientes. Uno de ellos, flaco, estaba entregado a un imposible: lanzaba cubos de agua al mar, como si fuera él quien hubiera llenado el Mediterráneo.

No sé cuándo Mamen me envió en un mail una lista de recuerdos compartidos: El tomillo de Otranto, el romero de San Clemente, la lavanda de Hvar, el vino de Scedro, el queso de Peljesac, las anchoas de Lastovo, las algas fosforescentes de Luka Tiha, las estrellas de Luka Saline, los cormoranes de Pakleni, los bancos de melanuros, los sueños de Martha, los gintonics, los cuentos de peces, de pájaros, de rocas y de amarres, los nudos, los vientos, las velas… Y por supuesto, la teoría y práctica del garreo. Conservaremos todos estos recuerdos para calentar los días más fríos de febrero.  Sus palabras se enlazan con otras que aún no se han pronunciado a bordo, pero que sé que llegarán (“Que esto tiene que durar todo el año”, dixit Quique). Proceden de otros viajes, que también hicimos en barco, por los distintos lugares, por los mismos, y de golpe Split, Brac, Miljet… demuestran ser uno de esos envases de cristal hechos para contener el licor casero de cada año.

Nuestro destino (esta vez Dubrovnic) espera detrás de cualquier atardecer

Sin las experiencias que libamos, la geografía carece de sentido, aunque su belleza permanezca incólume. Llegamos a las ciudades y convocamos el aroma de otros tragos. Llegan a ráfagas desordenadas, apenas tienen importancia y sin embargo aún me hacen sonreir: Miquel dando de comer mermelada a las avispas de Miljet, hace tres años, mientras la marquesa, la zarina y yo desayunábamos en el otro extremo; Marta llegando a Split con un sombrero blanco, del brazo de mi hermano Oscar… Me visitan escenas con perspectivas imposibles, como aquella mañana en Split en la que contemplé con los ojos nublados cómo nos comía el horizonte. En realidad yo estaba en el otro lado, junto a la caracola que hacía sonar Toni a bordo para alargar su abrazo con Didac. Mi recuerdo pertenece a las bellísimas palabras que él fue enviándonos por SMS. Sentado en un banco del paseo marítimo de Split, mientras el corazón y sus pulmones vivían su propia marejada, una pareja de amantes le pidió que les hiciera una foto con el mar en el que nos perdíamos de fondo. Toni leyó en alto aquel mensaje y tod@s los que seguíamos la nueva ruta quedamos enlazad@s para siempre. Ese es el poder de las palabras. Por eso narro este viaje.

Éste, el viaje, ya no es equidistante. Hay más millas detrás que hacia delante, pero me gusta pensar que cada momento, cada nuevo rostro o nuevo rincón, nadan dentro de mi memoria; juegan hasta adquirir sentido, como hacen las letras de una palabra que puede leerse al derecho o al revés. Sí, el Split que fue, el Dubrovnik que vendrá, son los paréntesis de una frase colgada en un diálogo (el hueco de un pensamiento); la primera y la última letra de un palíndromo airoso que da una orden a mis recuerdos. ¡SolázaloS!, me indica, y yo obedezco, disimulando que me divierte hacer sumas imposibles.

Roberto y Mónica, a bordo del Brancaleón

El primero que sale es Roberto, amigo de Giacomo y uno de los últimos que estuvo trabajando en el Brancaleón antes de que llegáramos nosotr@s. Habíamos hablado con él por teléfono pero no habíamos logrado conocernos. Una mañana, en la bahía de Bobovisca (Braj) escuchamos la voz de un hombre a bordo de otra embarcació, era él, que había reconocido el barco al que había cuidado con tanto esmero. El motor de su catamarán había dejado de funcionar y esperaba al pairo la llegada de un técnico. El Brancaleón apareció en el momento más adecuado, como queriéndole devolver el favor. Horas después Roberto volvía a izar las velas de nuestro velero, que también es suyo, con la delicadeza de quien ya conoce el cuerpo amado. Roberto pertenece a ese tipo de navegantes que elige la desnudez de las embarcaciones, haciendo grande lo poco.

Precisamente aquel día Giacomo había enviado un mail a Toni en el que explicaba que había conocido a una pareja que había llegado al Mar Negro navegando desde Hawai sin motor. Frente a “Los menos” recordé a “Las muchas”, esa forma que tenía el padre de Maria Antonia Oliver de nombrar a las amigas de su madre y que con el tiempo se convirtió en una maravillosa coreografía. Poco antes de zarpar asistí al espectáculo homónimo con el que esta coreógrafa homenajea a todas aquellas mujeres que nos antecedieron, las que seremos, a esas caderas que son enormes paréntesis paridores de vida, su forma de colocarse la rebeca y sus cruces de piernas.

Aquel rescate terminaría con un brindis en puerto, junto con Mónica (su pareja), Mamen y Juan. Brindamos por el Brancaleón, que a nuestras espaldas veía caer la luna. Mientras, “Los Menos” se hacían un hueco en mi memoria, compartiendo silla junto a “Las Muchas”.

Maria Antonia Oliver, al frente de “Las Muchas”

El segundo recuerdo en aparecer sucedió días después. Aquella noche se preveía ventosa, de modo que elegimos con precisión el lugar en el que echábamos el cabo a tierra en Uvala Banja una bella bahía del continente situada a la altura de Sipanj. La silueta de nuestro barco de madera se recortaba a la luz del atardecer y llamó la atención de Giusseppe y Cristina, que paseaban en las inmediaciones del camping en el que pernoctaban. Al día siguiente, al ver que seguíamos allí, ataread@s en un pormenorizado baldeo de la cubierta, se acercaron con su motora hinchable. Saludaron. Les invitamos a subir. La comunicación fluyó como si lleváramos años hablando, como si vinieran de atrás y no de aquel instante, por eso sé que en esta ristra de imágenes pueden aparecer seres que aún no he conocido.

Giusseppe y Cristina ¿Un encuentro o un reencuentro?

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8 comentarios to “Split/Dubrovnik, un trayecto entre paréntesis”

  1. miquel jaume nadal said

    mis estimados Brancanautas: Con esta unión a través de este bracaviaje,que lograis y llevais a cabo, en tiempo, espacio, sentidos, comunicación,vivencias,tolerancia, apertura…,esta navegación ya convertida en otra dimensión en el vivir y entre todos lo estais logrando. Toni, como siento, haber dudado dos dias, el… coge un avión y ven!. Martha: con tus palabras que fluyen de tus venas, de tu mente de tu corazón del conocimiento y de tu buen hacer .Buscadora de palabras nuevas…vivas, una de tus últimas palabras que me han impactado intensamente: Haciendo grande lo poco”…….. Un fuerte abrazo a tod@s

  2. marian said

    Qué bonito….
    Qué envidia….
    Qué cuanto te quiero.

  3. jorge said

    Pasa el verano y nos damos cuenta cuando descubrimos que hemos cambiado de aires y nos recuperamos de tensiones y malos rollos. En algunas ocasiones ayuda el intercambio de experiencias de gente que nos hace ser mejores, que nos permiten navegar en los sueños, que nos insuflan sustancias que solo Campanilla (Martha) la de “PETER PAN” saben sazonar.
    Gracias por vuestra aventura mediterránea, algunos la seguimos virtualmente y la convertimos en nuestra, la socializamos y la proyectamos en nuestro devenir.
    No pasan los años en balde, los convertimos en miradas que proyectamos a través de nuestras miradas, expresiones, gestos, en fin en un lenguaje no verbal….., ademas lo transmitimos a través de las palabras que nos hacen reflexionar y nos permiten crecer. Miro una foto de mi hermano Oscar y me transmite un mogollón que me encanta leer, ojos de trnaquilidad, seguridad, placer….., en fin….
    Me veo yo mismo en fotos y alucino como cambiamos y crecemos. Observo que necesitamos imperiosamente escapar de la rutina y es bueno, hay que hacerlo, vosotros pareja lo bordáis.
    Un beso a tod@s los que a través de Brancaleón ensoñamos un nuevo día, hasta otro agosto 2012.
    Empezaremos a beber de nuevas fuentes a partir de septiembre de 2012, tan ricas como otras….
    Salud!!!

    • Los ojos hablan, sí. Tengo un@s herman@s tan bonit@@@@@@@s. Y tienes una familia tan bonitaaaa. Os ví en las fotos muy bien. Es un momento especial en vuestras vidas, eh, los hij@s crecen a diferente ritmo y me parece muy divertido. Pedazo de jardín dejate, por cierto. Mil bss y otras mil sonrisas.

  4. Joan Mayol said

    Cada post és una nova singladura, amb una mar de paraules de color diferent, amb onades de gramàtica imaginativa i vivaç, amb corrents de sensibilitat pregona…Ja som molts que tenim probablement més milles a la popa de la vida que a la proa del temps, però hem de confiar que les futures són les millors, sobre tot perque són i seran, i les altres foren. ¡Fantàstic arxipèlag de persones i amics que ens ha deparat la travessia! Martha i Toni, illes principals.
    Una abraçada!

  5. Fa un bon grapat de dies que no vos segueixo. És que a Barri TV estam molt liats amb el nou macro-projecte que tenim en marxa. Però pens molt en voltros i ja cont els dies que falten pel vostre retorn…Una abraçada!

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