Navegamos por las líneas invisibles del Libro de las Maravillas

16 de agosto de 2012

by MARTHA ZEIN

Imagino que en el siglo XIII las cárceles eran lugares húmedos y lúgubres, en los que día y noche se confundían y en los que el color del cielo, los cambios de estaciones o el aroma de la lavanda podían desaparecer de la memoria de cualquiera en poco tiempo. Sé que hay prisiones que siguen siendo tan inhumanas como aquellas y no siempre son edificios públicos.

Siempre me han estremecido los relatos de esos seres humanos que para sobreponerse al presidio han recurrido a la escritura y a la memoria. Presto atención a sus trucos: se repetían los versos escritos en el aire hasta memorizar la obra completa, escribían las frases precisas en pedacitos de papel que luego tragaban para evitar las represalias de sus carceleros… Eran caminos minúsculos que servían para romper los muros, vivir dos veces  y ser libres.

Detalle de las piedras de la costa de Hvar saliendo de la pequeña isla de Scedro

Del “Libro de las Maravillas” de Marco Polo (1254/1324) lo que más me subyuga son precisamente sus circunstancias. Había pasado treinta años recorriendo el mundo, había llegado a ser diplomático en la corte del Gran Khan por su capacidad fabuladora y ahora se veía encerrado entre esos muros. Empezó a contarse historias que terminó narrando en alto inevitablemente, hasta que su compañero de celda, Rustichello, decidió escribir aquellas experiencias y retratar ese lado del mundo en el que nunca había estado. Imagino al uno ampliando el espacio con los recuerdos y al otro repasando los recuerdos con la escritura; los dos viviendo el doble precisamente donde apenas podían caminar.

Retrato del mundo en el siglo XIV. Portulano mallorquín de Angelino Dulcert realizado 15 años después de la muerte de Marco Polo (en 1339)

Los viajes de Marco Polo no mencionan Korcula ni la costa del Adriático por la que pasamos pues eran confines demasiado cercanos; sin embargo es evidente que los barcos en los que navegó, y que trazaron esas curvas que conforman la Ruta de la Seda, cruzaron también estas aguas, enlazándolas para siempre con Acre (Israel), Irán, Pamir… Con ellas atravesamos China por SinKiang y el desierto de Gobi hasta llegar a la corte del emperador, aunque nunca hayamos estado allí.

L@s brancanautas vemos pasar el mundo por amura. Vamos señalando aquellos rincones que Marco y Rustichello pasaron por alto. Somos, de alguna manera, la carne que rellena los huecos de su memoria. Prestando atención a lo pequeñ, entrevemos detalles de 50  ciudades invisibles dentro de su relato, como hizo Italo Calvino. Son asuntos que no aparecen en los portulanos y que quizás hubieran hecho las delicias de los cartógrafos de la Edad Media.

Ver más, llenar de detalles aquello que no aparece en los portulanos… Juan

En los siglos XIII y XIV l@s cartógraf@s llenaban de apreciaciones los mapas en los que retrataban las costas de los países oficialmente conocidos. Fabricaban la imagen del mundo a partir de relatos ajenos, recuerdos de explorador@s, navegantes y comerciantes, no sólo los datos heredados de los geógrafos clásicos. Pero tod@s sabemos que la memoria no puede ser precisa porque durante el mismo acto de viajar atendemos a lo que dicen los sentidos y la información que recogemos, a lo soñado, las intenciones, lo olvidado y demás efectos secundarios del tiempo.

Miramos sin saber que en el fondo de los oídos llevamos la Leyenda del Tiempo: “El sueño va sobre el tiempo / flotando como un velero. / Nadie pudo abrir semillas / en el corazón del tiempo”. Aún así, a bordo de este barco logramos abrir semillas en el espacio. La fórmula es fácil: retener el paisaje como quien saborea un postre, llenando de sentido cualquier encuentro. Por eso tardamos más de cuatro días en alcanzar Hvar, apenas unas 15 millas en el portulano, un recorrido que a base de comentarlo convertimos en nuestro particular Libro de las Maravillas.

El viento jugó con nosotr@s en Uvala Luka y en Uvala Kneza (dos calas de Korcula), la calma nos retuvo en la isla de Scedro y el hedonismo nos amarró a las diferentes islitas e islotes del archipiélago Pakelni.

Los muros de piedra en sec de Scedro cuidaban viñas y olivos con delicadeza y desde la escasez

Nos llevamos vino del sur de Scedro. Horas antes habíamos leído con detenimiento el cartel que anima a quien lo lea a aportar algo al mantenimiento del entorno. El lugar está conformado por olivos que crecen lentamente en una tierra pedregosa y muros levantados por la mano de los agricultores (que quizás no sean más que tres en esta isla). Hicimos caso a este particular mensaje en una botella y añadimos piedras a uno de esos montículos de guijarros y cantos; nos perdemos entre sus humildes construcciones con frases a media voz, como si paseáramos por unas ruinas invisibles.

Aquella tarde bebimos de ese vino rojo y joven, hasta que las formas se llenaron de nuevos significados y vimos maravillas, milagros y hechos mágicos dignos de pasar a la memoria de Marco Polo.

Maravillas como esta gallina en la costa de Sv Klement, del archipiélago Pakleni. Es tan grande como el Brancaleón, o viceversa.

En las islas Pakleni estuvimos fondeados dos días, haciendo de Sveti Klement el pezón de una teta acogedora. Todas las calas daban a ella o a su envés, algo fácil de entender si se observa con detenimiento la forma de la isla. Son tantas su bahías y cabos que hasta una gaviota puede creer que tiene bajo sus alas una enorme espina de pescado. Recordé las ciudades de aquel pintor de La Movida que venía del sur y las levanté en el aire.

Una ciudad imaginada por Guillermo Pérez Villalta

Bordeamos cada una de sus innumerables costas, surfeamos cada una de sus olas, pisamos uno a uno sus granos de arena y unimos sus extremos a por tierra y mar, hasta hacer de Palmizana nuestra particular China ppor el camino celebramos cada piedra, desde las que configuraban la pequeña iglesia del siglo XIII (restaurada en el 1966 y 2007, de modo que apenas se mantiene la planta original) hasta las que hacen equilibrios para mantener en pie el único muro de la villa romana, a la que llegamos a nado. Fuimos hormigas haciendo un viaje fractal por la costa y cada atardecer la representación de una estrofa de la Leyenda del Tiempo: “Y si el Sueño finge muros /  en la llanura del Tiempo, /  el Tiempo le hace creer / que nace en aquel momento”.

Mirar hacia adentro y hacia afuera, así es como se agrandan los mundos… Mamen

Mamen ha traído un libro (“La huella jonda del héroe”, de Montero González) en la que me encuentro la referencia a Camarón y la Leyenda del Tiempo. El escritor reproduce la frase que un anciano dice a un joven en Así que pasen cinco años, una obra de teatro de García Lorca. En el primer acto el viejo dice: “Me gusta tanto la palabra recuerdo. Es una palabra verde, jugosa. Mana sin cesar hilitos de agua fría” y sin poder evitarlo creo que está describiendo Sv Klement.

Copio la frase en mi cuaderno de viajes con el recogimiento de los amanuenses medievales y la entrega de una niña que escribe sus primeras letras en la cartilla de caligrafía (sí, con toda probabilidad, con la punta de la lengua asomada en la comisura de la boca), como si el acto mismo de la escritura lograra el contagio. Replico las frases y me parece recordar  lo que nunca escribí y sin embargo  siento que llevan algo mío.

Restos de la villa romana

El único muro que se conserva de la villa romana, en Sv Klement

Movida por la maravilla, hago caso a las palabras. Sé que más adelante Lorca añade: “Hay que recordar antes” y luego “Hay que recordar hacia mañana”. Le hago caso, pues al fin y al cabo son órdenes y porque la memoria de l@s poetas siempre me ha parecido exacta. En el tercer acto de la obra incluye un verso que años más tarde será cantado por Camarón. En tierra vamos del Konoba de Dionisos al Konoba Paraíso. Recordar produce un éxtasis capaz de romper los muros.

A los pies de Dioniso, mapa de la isla en la que nos retuvo durante dos noches y tres días

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2 comentarios to “Navegamos por las líneas invisibles del Libro de las Maravillas”

  1. Mamen said

    “lo que se ha mirado así, dia y dia, enamorándolo, nunca se pierde, porque ya está enamorado”

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