by MARTHA ZEIN

La señora que nos atendía miraba a un punto situado a mis espaldas. Una sombra  confirmaba que alguien, detrás de mí, le hacía señales. Me giré y la segunda mujer tuvo que retirar rápidamente el brazo. Estaba claro, por cuatro personas no merecía la pena moverse de la silla. El folleto asegura que se puede visitar la cueva de los Genoveses (en la Isola de Levanzo, 10 euros por persona) sin tener que contratar los servicios de la excursión (con guía y landrover incluido, 22,50 euros). Simplemente, dicen que no nos venden las entradas, por supuesto, ni mencionan la existencia de los hombres de la familia Castiglione, guardianes de la cueva y dueños del territorio, con los que podríamos negociar la visita no guiada. Sería abrir el melón para perder futur@s visitantes.

Costa de Levanzo, en busca de la cueva de los Genoveses

Se acerca el 1 de julio, fecha oficial de la temporada alta. A medida que avanza la semana y saltamos de isla en isla, los precios desaparecen de muchos carteles. Comprobamos que en cuanto ponemos el pie en tierra dejamos de ser viajer@s para pasar a ser oficialmente turistas. Ayer, comprar gasolina fue un despliegue de trapicheos. Somos los primeros de la avalancha de turistas y  Claudio, un hombre de pelo rizado, piel curtida por el sol y modales bruscos, hace sus negocios con el muelle abierto (por tanto, gratuito) de Favignana. El cebo es el cartel amarillo que anuncia que el puerto cuenta con estación de gasolina, pero en realidad se trata de un surtidor cerrado. Nada más aproximarte al amarre aparece Claudio en su lancha organizando el cotarro a gritos, djando claro que él es la autoridad y no la policía portuaria. En cuanto pones el pie en tierra te explica que si quieres repostar tiene un amigo que te hará el favor de buscar el carburante con su parcheado vehículo. Entramos en el juego,  Favigniana hace tiempo que dejó de vivir de la atunara y las canteras abandonadas hoy sólo constituyen un paisaje subyugante pero poco rentable para la población.

Antiguas canteras en la cala Rossa

De regreso al Brancaleón todo parece volver a su sitio. Dejamos de ser turistas, volvemos a sentirnos viajer@s. Inevitablemente miro hacia atrás, concretamente a antesdeayer. Quizás sea que, a diferencia del agua (fluido), la tierra (una piedra), siempre exija una elección, pero las islas Egadi no son iguales y no puedo evitarlo, elijo una.

Es cierto que desde el velero las costas de Marettimo, Favignana y Levanzo muestran diferentes diálogos del agua y las rocas calcáreas, a cada cual más atractivo. En Marettimo crean grutas subacuáticas o asomadas al mar, que hacen las delicias de l@s buceador@s. Hemos visto cómo parte de la flota pesquera, minúsculos barcos blancos y azules, relucientes, se recicla en estas fechas para llevar a los turistas a conocer la gruta del atún, la del pesebre, la del camello…. En algunas de ellas aún sobreviven colonias de astroides calycularis, un antozoo naranja similar a una flor que está en peligro de extinción. No extraña que alguna de ellas sea el hábitat de la foca monje, otra especie en peligro de extinción del Mediterráneo.

De las puertas que ofrece el paisaje, una elección

La costa de Levanzo (ayer la bordeamos por completo, su perímetro mide aproximadamente 5 millas) es más alta y está taladrada por numerosas cuevas, ojos oscuros que hacen extrañas formas si se les mira al caer el sol. Una de ellas es la cueva de los Genoveses, en cuyas entrañas guarda más de un centenar de figuras de animales (bueyes, caballos, peces…) y seres humanos. Las más antiguas fueron realizadas hace unos 12.000 años, cuando Levanzo aún no se había separado de Sicilia.

En Favignana las rocas calcáreas son hoy canteras abandonadas. Sus orificios no forman arrugas irregulares en las rocas sino rectángulos, que juegan a ser edificaciones imposibles y, aún así hay quienes dormitan en sus habitáculos. De cerca esas paredes son enormes hojas de papel cubiertas de palabras de amor, nombres propios, fechas ya caducas…

En el interior de esa raja de la roca elegida

Tres emociones distintas, tres idénticos materiales, tres islas habitadas de diferente manera. Sin embargo, yo elijo. Ya sé que la hora del día, el día del año, el cristal de nuestras gafas… determinan nuestra percepción, pero es Marettimo la que no se me va de la cabeza. Quizá fue aquel niño al caer la tarde y volvía solo a casa, saludando a los perros y a los tiestos; o los ancianos sentados a primera hora de la mañana en las escaleras cercanas al muelle, departiendo sobre lo que vendrá; o la estatua de la foca monje que el padre hizo levantar en memoria de su joven hijo, defensor de esta especie; o la figura de san Francisco de Padua, que en un rincón conmemora una pesca de serviola tan abundante que los habitantes del pueblo consideraron milagrosa; o las fotos que el escritor Samuel Butler se hizo con l@s humildes y afables vecin@s de la isla a finales del siglo XIX (concretamente esa dama con las manos en las caderas, sonriendo a cámara, con el pelo revuelto)…

… O por Giussepe (es el nombre del patrón de la isla) que a sus más de ochenta años hace nasas en las puertas de su casa y que abordó a Toni bajo una higuera. Es uno de esos pescadores de Marettimo que partieron a California en busca de futuro e hicieron de Monterrey una localidad de referencia para el imaginario local. Aún hay descendientes de aquellos primeros emigrantes que repiten esta peregrinación pesquera y atraviesan cada año el Atlántico para apuntarse a la temporada del salmón, no tanto por razones pecuniarias como para homenajear a sus antepasados.

O quizá sea, simplemente, que llegamos a Marettimo antes de que el furor de la temporada alta deshiciera la vida cotidiana de estas islas.



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by MARTHA ZEIN

Se aproxima el momento en el que cruzaremos un tunel camuflado bajo las olas. Se trata del gaseoducto Greenstream, de 520 kms de longitud. Como se ve en el mapa atraviesa el Mediterráneo para llevar gas a Italia desde Libia, muy cerca de Túnez. Hay puntos en su recorrido que el túnel está a 1.127 metros de profundidad. La multinacional italiana Eni es la encargada de recibir el suministro de gas en la otra orilla. No es casualidad que durante la guerra en Libia este consorcio petrolero, junto a Hess y Total, aumentaron su cotización en bolsa.

¿Quién ganó con la guerra en Libia?. Os recomiendo que sigáis el blog de  la politóloga Nazanin Armaniam, que además de amiga es compañera de escritura  de ensayos sobre el Islam. Podéis entender los intereses de EEUU en el conflicto, por ejemplo, o la complicidad con Gadaffi de países europeos como Alemania. Greenstream es capaz de transportar 8.000 millones de metros cúbicos de gas natural al año. Forma parte del Proyecto Western Libyan Gas y comprende la estación de compresión de Mellitah (en la costa libia), el gasoducto en sí y el terminal de recepción en la isla italiana de Sicilia

Si el petróleo fue la causa de las guerras del siglo XX. Hoy estamos viendo el surgimiento de una nueva era: la de las guerras del gas. El control de las zonas gasíferas del mundo por parte de las antiguas potencias y de las potencias emergentes es el elemento que da origen a los actuales conflictos en la zona este del Mediterráneo (hacia donde nos dirigimos). EE.UU. es uno de los países más interesados en el control de esta fuente de energía, tal y como demuestra su proyecto Nabucco, con el que quería competir con los rusos (Nord y South Stream en el mapa)

Nabucco estaba previsto que funcionara en 2014, pero diversos problemas  forzaron su posposición hasta 2017. Lo que no esperaba EE.UU es que en julio de 2011, Irán firmaría varios acuerdos para el transporte de su gas a través de Irak y de Siria. A partir de ese momento Siria se convertía en el principal centro de almacenamiento y producción, vinculado además con las reservas del Líbano. Se abría así un espacio geográfico, estratégico y energético completamente nuevo que abarca Irán, Irak, Siria y el Líbano. Esto permite entender de otra manera qué ocurre en esa orilla  del Mediterráneo hacia la que navegamos…

El blues del capitán en tierra

27 de junio de 2012

by MARTHA ZEIN

Y llegó el día, después de una larga jornada en tierra, que Toni necesitó un rato de soledad. Era el solsticio de verano, la noche más corta, en el cielo se abría la luna nueva. De las carpas de la cantina/biblioteca/oficina de la Marina di Sole se escapaban los sonidos de varias guitarras. Cuatro hombres que tocaban sus guitarras sin  mediar palabra. Se sirvió su propia cerveza y, acercándose a ellos, les preguntó si sabían algún tema de Robbie Robertson. Sin apenas levantar la vista de las cuerdas, uno empezó a rasguear los primeros acordes de “The Weight”. Toni se estremeció y tomó asiento.

La canción habla sobre la imposibilidad de aliviar el peso de alguien, por muy grande que sea la buena voluntad. Comienza así: “Llegué a Nazaret, me sentía muerto. Solo necesito un lugar donde pueda apoyar mi cabeza. “Oiga, señor, ¿puede decirme dónde puede un hombre encontrar una cama?” Él sólo sonrió, y me estrechó la mano. “No”, fue todo lo que dijo”.

“The weight” (la carga), una canción del canadiense Robbie Robertson, se publicó en el primer álbum de estudio del grupo de rock al que pertenecía The Band, pero el pedazo de interpretación que veis en el video pertenece a la película “The last Waltz”. En ella aparecen los artistas con quien The Band había trabajado previamente.

Robertson se inspiró en las películas de  Luis Buñuel para componer el tema: “Hizo muchas películas sobre la imposibilidad de la santidad, gente intentando hacer el bien en Viridiana y Nazarín, y es imposible hacer el bien. En “The Weight” es lo mismo. Alguien dice: “Escucha, ¿puedes hacerme este favor? Cuando llegues ahí podrías saludar a alguien o coger una cosa para mí”. “Oh, vas a Nazareth, hazme un favor cuando llegues ahí”. De modo que el tío va, y una cosa lleva a la otra, y es como: “Mierda, ¿en qué se ha convertido esto? He venido aquí sólo para saludar a alguien y estoy en esta increíble situación”.

Incluso en los mejores momentos, cuando aparecen los delfines o el sol se deshace como una gota de miel en el horizonte (Meritxell dixit), un capitán de barco no puede abandonarse a los placeres. Uno de sus sentidos permanece alerta, pendiente del rumbo, el viento, el velamen o incluso el alborozo de la tripulación. El Brancaleón, además, exige un especial cuidado.

Toni en una de sus genuflexiones diarias ante al motor.

Es un veterano barco de madera, lo que implica que cada día Toni se postre ante sus vísceras (el motor). Con una concentración propia de quien ora, revisa sus detalles, comprueba las miles de pequeñas cosas… Y yo lo único que puedo hacer es observar, también en silencio.
Durante los días posteriores a aquella velada, después de escuchar el tema, me pregunté sobre esta imposibilidad de “aliviar la carga”. Pronto aparecería la respuesta. Toni tuvo que subirse al palo de la mayor para hacer un truco con el velamen. Yo le subía gracias a las poleas y cabos.

Ver desde arriba, ver desde abajo

Mientras hacía firme y le veía trabajar me dí cuenta que el alivio no procede del otro, de mí,  sino que residía en la propia “carga”: Forzado por la responsabilidad, el capitán también tenía el privilegio de subirse a lo más alto de este viaje. Ahí estaba, tocando el cielo con las manos. Comprendo que el silencio de los capitanes de barco está poblado de secretos. No extraña que aquella noche los cuatro hombres le cedieran un sitio y terminaran tocando juntos.

P.D. Hoy ha subido a bordo Jaume y al capitán se le ha puesto la mirada de padre. Creo que su corazón está bailando su propio vals… o una rumbita, que el chaval y Rocio vienen de Barcelona.

Una verdadera piedra/agua

by MARTHA ZEIN

Hay personas que “ven más” y con el tiempo se vuelven artistas, o filósof@s, o místic@s, o loc@s… En este viaje, no sé muy bien cómo, a l@s brancanautas les da por ver así.

Nada más poner pie en tierra, tras la travesía Menorca/Cerdeña, Nuria encontró en la isola de San Pietro una roca basáltica negra, del tamaño de la cuenca de las manos. Llena el hueco que deja el agua al ser bebida. Con su elección hizo real el nombre de este blog: el envés del agua (piedra). ¿No es esto ver más?.

El caso es que desde que partimos de Mallorca observo con detenimiento lo que veo, y lo último que apareció al abandonar Cerdeña de camino a Sicilia fueron las grandes rocas graníticas que conforman la Isola di Serpentara. El rincón es un espacio natural protegido, con humedal y flamencos, como comenzó nuestro recorrido por Cerdeña. De alguna manera nuestro trayecto trazó un circulo en el aire, una isla invisible.

Torre de San Luigi en la Isola de Serpentara (Cerdeña)

Habíamos llegado a Cerdeña conscientes de que en esta tierra las grandes rocas son una seña de identidad cultural. La isla está salpicada de edificaciones megalíticas de la época nurágica (entre 3.500 y 1.700 años a.C.) cuyo significado aún está por discernir. Son conocidas las torres llamadas nuraghi, que, como los talayots, se levantan en paredes de pedra en sec. En este caso, pueden pesar varias toneladas y alcanzar hasta los 20 metros de alto. Aún se discute si son templos religiosos, alojamientos cotidianos, fortalezas militares…

Uno de los nuraghi de Cerdeña, para nosotr@s invisibles

Pero, por atractivo que fuese conocerlas de cerca, nuestro plan principal al llegar a tierra era alcanzar a pie ese paralelo cuarenta que habíamos pespunteado en el mar. Tenemos extraños objetivos, o no tanto, por lo que se ve el nuestro es cumplir sueños. ¿Cuánto tardamos en hacerlos realidad? ¿Acariciarlos no forma parte ya de su ejecución?. Nuria lleva acunando este proyecto desde hace siete años. El punto de partida es Menorca (precisamente este verano coserá una “herida” de las paredes de la cantera Lithica) y había llegado el momento de dar el salto.

Imagen del proyecto

Llevamos días cosiendo la tierra, el mar, el aire, tod@s a una. ¿Dónde comienza el arte? En nuestro caso es una experiencia real, concreta, que mueve nuestros pies. Por eso la tripulación al completo sustituyó velero por utilitario durante unas horas sin perder el espíritu marinero. Para nosotr@s fue natural llevar “a bordo” del coche dos grandes agujas de madera, que atravesaban el maletero y el asiento trasero (lo que le daba un aspecto de llaud de vela latina). Natural como la vida misma, ¿es posible que así sea la creación?.

Nuria, llevando el timón en tierra

Nuria tomó el volante, como era de esperar. En el asiento del copiloto, el capitán nos guiaba por carretera prescindiendo de las indicaciones viarias. Como en el barco, el gps ordenaba nuestro mundo en grados, latitudes, longitudes… Así fue como llegamos a un lugar perdido del mapa, en el corazón de Cerdeña. Se trataba de una era con el suelo quebrado por el tractor. Sobre él anduvimos los últimos metros antes de alcanzar el grado exacto de la latitud. Cuando Nuria clavó una de las agujas a sus pies, todo se transformó y donde antes había surcos de tierra, vimos olas petrificadas y una aguja mástil capaz de surcar por ellas.

A la altura del ojo de la aguja, sin embargo, todo eran fluorescencias.

El resto de la jornada discurrió de forma extraña, como si cumplir un sueño ablandara las extremidades. El mal de tierra, que traza eses en los pies de quienes han pasado varios días navegando, alimentaba esta sensación de estar flotando. Se acercaba el final de esta primera etapa del viaje y a todos nos lamió la cara la húmeda lengua del futuro. En esa extraña borrachera no alcohólica apareció Buenaventura. Al principio era tan sólo un hombre barrigudo que nos convidaba a gritos y con insistencia a que tomáramos una copa de vino hecha por él. Le preguntamos el nombre. Se llamaba Buenaventura. ¿Cómo no aceptar un trago del jugo de las uvas de Buenaventura? Aquello fue una alegre y ruidosa comunión pánica.

Buenaventura sostiene un catálogo con joyas tradicionales sardas, al posar con él, se convirtió en la cuarta mujer del retrato.

Al regresar a Brancaleón, a Nuria aún le esperaría un encuentro espectacular: la tumba del gigante de Quartucciu, cercana a Cagliari. Se trataba de una propuesta de Anna, una alegre sarda a quien no veía desde hace años. Su amiga no sabía que estos materiales con los que andamos cosiendo  la tierra son “las agujas de la giganta” (un proyecto artístico anterior).

Tumba del gigante en Quartucciu

Ver más. Quizás ese tercer ojo sea nómada y vaya de un rincón a otro de nuestra anatomía.

Nuria dejó en el barco cientos de pequeños rincones. Uno de ellos, en el salón, está ocupado por su barco/ángel. Si lo miráis de cerca, aunque el retrato corresponde al Brancaleón, sus velas forman dos alas y en el casco se puede ver la leyenda “Arcángel San Miguel”.

Partimos hacia Sicilia con una mar muy calma y poco viento, sin más tripulación que nosotr@s dos, sin embargo lo hacemos mecidos por lo invisible y ese rumor que guardan las rocas en sus entrañas y que tan bien ha sabido hacer cantar Pinuccio Siciola, un artista sardo que sabe ver más. Gracias, Anna, por descubrirnos que las piedras cantan.

by MARTHA ZEIN

L@s brancanautas tienen una extraña forma de partir: se van, quedándose. Maria José ha sido el tercer punto suspensivo del Brancaleón: fue la última mujer en enrolarse (también obedeció a un impulso) y la última en abandonar la nave (esta madrugada). Aquí la tenéis: en su sitio.  Se llama Cala Su Turcu, al sur de Cerdeña; podéis localizarla en el mapa si pincháis en el KMZ de la ruta que hemos hecho.

M.J. mirando al frente, en el baño de barros que nos dimos en cala Su Turcu.

Maria José podría perfectamente vivir una temporada en este lugar de la costa, de hecho estaría dispuesta a compartir la experiencia, porque es capaz de reconocer las posibilidades que ofrece la tierra para sustentarnos, física y emocionalmente. Hace un año que decidió materializar su forma de entender la vida en ecovamos, un punto de encuentro virtual que ella ha creado para aquell@s interesad@s en adquirir y/o difundir un determinado tipo de conocimiento, más vinculado con la naturaleza, el amor y el respeto.

“MJ en acción”

Se subió al Brancaleón en Carloforte, procedente de Valencia, y lo hizo parapetada de cámaras de todo tipo. Cuando no grababa el atardecer, retrataba una arruga del mar o cualquier chisporroteo de la vida que surgiera a bordo. En las navegaciones más largas y tranquilas o ya al anochecer, provocaba conversaciones sobre temas inusuales para la mayoría de nosotr@s pero que para ella forman parte de su vida cotidiana: desde el taller de sexualidad y trantra que en breve van a impartir en Barcelona, a la práctica del sungazing (alimentarse exclusivamente del sol, como ha hecho una amiga suya en Brasil, siguiendo el ejemplo de Shri Manek). Pero no todo es aire: fue ella precisamente la que provocó un largo debate entre nosotras (con cuaderno y bolígrafo) sobre cómo llevar a delante un negocio.

Todo empezó por un artículo sobre las diferencias salariales entre actrices y actores en Italia.

Cómo hacer crecer un proyecto, cuáles son nuestras debilidades y fortalezas, qué consejos podemos darnos, cuáles son nuestros trucos… La conversación duró un largo rato a bordo y todas aprendimos mucho, unas de otras, a medio camino entre business school y conversaciones en los vestuarios.

Al calor de estas charlas la navegación ha ido cobrando una calma azul, risueña ensoñación, que hace placentero cualquier aprendizaje. Pero si yo tuviera que darle un lugar a María José sería en el estómago. Conoce no sólo las propiedades de las plantas y su proceso de crecimiento, sino su aroma, su sabor, y el uso que pueden tener en el paladar. Por eso, antes de que partiera, le pedí que me pasara alguna de esas recetas que sabe hacer con “casi nada”. Y lo que me devolvió fue un menú, que dedicò a tod@s los que navegan (virtual o físicamente) en el Brancaleón:

Bocaditos de endivia con flores de caléndula + Jugosas verduras al dente + Patatas crujientes al aceite de romero.   Pinchad  y os bajaréis la receta, a modo de mensaje en la botella.

Maria José, ahora, lanzada a la estratosfera, desde una de las catapultas de las murallas de Alghero

by MARTHA ZEIN

!Buenos días desde los años sesenta!

Último día en la marina del Sol antes de partir para Sicilia. En este puerto deportivo de Cagliari la mayoría de los veleros ha cumplido ya los veinte años y el Brancaleón (que nació en el 65) parece estar en su salsa. Desayunar en cubierta transporta a tiempos pretéritos: suena el carillón del campanario de una de las iglesias del casco antiguo (al fondo), son las nueve de la mañana, los barcos se mecen mostrando sus costuras… Volaaaareee, oh, oh, cantaaaareee…

Pero no son los veleros los que empujan al pasado sino las instalaciones de este puerto deportivo, el decorado perfecto para una comedia decadente… a la italiana. Hace días, el Port Nou de Taulera nos recibió con una camioneta de feria a modo de bar y un cabrero, Jimmy, vestido de camuflaje, como único cliente. Ahora la recepción da un giro más de rosca: a los pies del cartel de bienvenida a la Marina del Sole, una parrilla oxidada que prefiero imaginar que no funciona.

El local al que flanquea es recepción, bar y biblioteca. Sus paredes de metal y techo de lona anuncian un interior coherente: Manteles a cuadros, de hule, un ventilador que bate el bochorno lentamente. flores de plástico en los goznes… La barra del bar es una antología al marinero en tierra: la figura del pirata de palo, fotos de veleros, calendarios antiguos, una colección de farolillos por terminar, otra de añejas cajas de wisky caro, un teclado polvoriento que hace años que sólo sirve de pisapapeles…

Este es el marinero en tierra: Antonello Montis. Es capitán, dueño de la marina, barman ocasional, jefe, manitas…  y epicentro de este caótico puerto, que logra mantenerse en pie porque la entropía es así, señoras y señores, un lugar donde también crecen los negocios.

El primer día convertimos este multiespacio en un espacio de navegación B, propio de un@s viajer@s del siglo XXI. Mientras cada un@ surfeaba en la web y las botellas de agua corrían a raudales, los perros encontraban sombra a nuestros pies, bajo las mesas.

El poder de concentración de mis compañer@s de viaje es envidiable. Mientras trataba de centrarme en la escritura, se me iban los ojos a los rincones. Por ejemplo, a mi espalda estaba la biblioteca, una mesa en la que se apilaban libros amarillos en todos los idiomas. Entre las hojas de papel, décadas de polvo y humedad. Antes de irme volveré a asomarme a ellos, para rescatar algún título…

El rincón me lleva al ventanal, de ahí a los pescadores que lanzan sus cañas en el muelle externo… Rebusco en la memoria canciones italianas (este fin de año cantamos algunas a pleno pulmón, muert@s de risa). No vale una cualquiera, tiene que rechinar hasta causar risa. Ya está: !”Llora el teléfono” de Domenico Modugno!, qué horror la niñaaaaa. Me despiporro de risa sin abrir la boca y, como si el entorno me hubiera leído el pensamiento, me topo con los WC. En las puertas del de mujeres me saludan una motillo empolvada y una tabla de plachar envuelta en plástico.

¿Qué más se puede pedir?. Me asalta otra canción. Ah,ah, ah, ah, en el amor todo es empezar. De golpe recuerdo a Giacomo, el dueño del Brancaleón, imaginando a Rafaella Carra a bordo, dando los buenos días con sus golpes de melena, y vuelvo sobre mis pasos  remedando los cabezazos rubios de la italiana. Explota explota mexpló, explota explota mi corazón…

75 millas en los ojos de Bego

21 de junio de 2012

by MARTHA ZEIN

Con ustedes, Bego

Las brancanautas sabemos que de Carloforte (en la isla de San Pietro) a Cagliari hay millones de gotas de mar, cientos de miles de conversaciones, miles de risas, centenares de silencios y 75 millas de recorrido. Así nos está saliendo el viaje: largo y corto.

Es curioso el imán del mar y de este barco, que hace que cada salto a tierra sea un caos divertido y lleno de anécdotas. A pesar de las cifras comunes, cada una de nosotras (esta etapa es femenina) ha vivido una experiencia única, por eso cuando partimos de San Pietro pregunté a mis compañeras y al capi qué imagen se llevaban de aquella ciudad (para nosotr@s importante porque ha sido el primer puerto tras la travesía). El relato de Bego comenzó con este detalle:

Carloforte

!Era un hallazgo!. En Carloforte la velocidad de los coches no se fija en km/h. El paso de los seres humanos puede seguir siendo la medida del mundo… !fuera las cifras!.

Insistí y Bego eligió un rincón memorable: la plaza principal de la ciudad, cuyos ficus generan una sombra generosa capaz de acoger a una población bulliciosa. Carloforte celebraba en estos días el festival “Creuza de Mà”, que gira en torno a música y cine. Como parte de este evento cultural, en algunos rincones de sus calles habían instalado fotografías con rostros de l@s lugareñ@s. Los retratos que econtramos bajo los cuatro ficus de la plaza de la República eran sendos besos y Bego eligió el de un hombre anciano sellando los labios de una joven.

El beso bajo el ficus de la plaza de la República (Carloforte)

El amor y el deseo han sido uno de los temas de conversación de nuestro viaje, entre baño y baño, saltos de olas, amarres, velas… Cuando se asoma la vejez y se ama la vida y se goza con los placeres, el sexo, las caricias y el amor pueden ser una excepción, sobre todo si eres mujer. También de eso hablamos: de vivir la pasión hasta el último día de tu vida.

Cuando los flamencos de las salinas vuelan, lo hacen en fila (Carloforte)

Bego abandonó el Brancaleón esta mañana. Atrás también ha dejado su huella entre nosotras. Ha sido nuestra “contable”, no sólo por llevar el fondo común sino porque nos ha entretenido y enseñado con las historias de sus viajes por Australia, Tasmania, en enormes veleros de madera por el mar del Norte (costa de los fiordos), a pie por Nepal… Esta tarde, mientras paseábamos al atardecer por el barrio pesquero de Cagliari, seguimos las líneas rectas que los flamencos dibujan en el cielo cuando vuelan en grupo y de alguna manera la saludamos. Fue ella quien nos describió algunos detalles de los flamencos que se alimentaban en las salinas de Carloforte.

Mientras miraba el horizonte en proa, camino de Cagliari, Bego no olvidó que vamos haciendo el pespunte al mar, por eso retrató las agujas de madera que llevamos  abrazadas a los obenques.

Parla mediterránea

16 de junio de 2012

by MARTHA ZEIN

Durante 800 años (desde el siglo XIII hasta principios del XX) l@s mariner@s y comerciantes del Mediterráneo utilizaban un idioma común compuesto por términos procedentes del castellano, catalán, fra´ncés, provenzal (lengua de Oc), italiano, genovés y veneciano. Se  conocía como “Parla mediterránea” o lingua franca. De él proceden los nombres de los vientos que hoy intercambiamos en los puertos, con personas de otros países: leveche, jaloque, maestral o mistral, tramontana… Llaman del mismo modo a los vientos pero no así al agua. Quizá porque sin ellos, en aquellos años, no se podía zarpar.

Esta lengua nació en el oaso de la Edad Media, con la expansión política y económica de ciertas ciudades marítimas del Medierráneo. Se trata de una especie de “paralengua”, que permite crear vínculos de cualquier tipo entre los “no nativos” de cada estado de la costa mediterránea. Ninguno de sus hablantes sentía la necesidad de aprender la lengua de los demás, de modo que crean una nueva lengua más simple. Sin embargo, la base léxica y morfológica es el románico, es decir, el idioma del grupo más poderoso.

Nos encontramos palabras que permiten a cualquier pecador, aún hoy, aún a nosotr@s, informarse sobre corrientes y vientos sin tener por qué traducir los términos. Apenas llevamos unos días navegando y esas viejas palabras siguen sonando nuevas y al mismo tiempo eternas. Qué extraño.

Aquí el capitán, cabeceando de día para poder sobrevivir a las noches.

by MARTHA ZEIN

Llegamos hace 24 horas a la isla de SantoPietro y desde apenas 18 estamos amarrados en el puerto de Carloforte. Se trata de una pequeña isla ubicada en el suroeste de Cerdeña, un asentamiento “tabarchino” al que nos llevó el viento del este. Toni había marcado este lugar como uno de los puntos de mayor interés del comienzo de nuestra ruta porque el año pasado amarró en Nueva Tabarca (Alicante) varias veces y allí conoció la historia del pueblo tabarquino. Este lugar en la costa levantina está relacionada con Carloforte y Tabarka (Túnez) y no sólo tiene una historia particular sino que sus habitantes tienen un presente comprometido con sus costumbres y su idioma, el tabarquino, extinguido en la Isla de Nueva Tarbarca en España pero vigente en los demás asentamientos y que aquí todo el mundo habla como idioma de referencia.  En estos días en los que Maria Antonia ha pasado por el Parlamento Europeo como representante del STEI para denunciar la situación de la lengua en Baleares, conocer esta actitud de l@s carlofortin@s reconforta.

Izando velas, arriando, izar, arriar…

Fuimos cuatro l@s que subimos al Brancaleón para hacer la travesía. La última en apuntarse fue Begoña, que se presentó a bordo tres horas antes de la partida. Tomó la decisión por la noche. Llevaba años queriendo hacer este recorrido en velero y no quiso perder la oportunidad. Viajera empedernida desde que se jubiló, sus conversaciones están teñidas de nombres propios, lugares que ha visitado en persona, experiencias de exploradora que en muchas ocasiones parte sola y que sabe que el camino siempre trae buenos encuentros. Como bióloga, las aves y de las piedras tienen nombre propio. Nuestra otra compañera de aventuras es Nuria. Desde el primer momento este viaje ha sido un intercambio. Junto a su pequeña maleta ha traído al barco la sonrisa, la inteligencia y dos agujas de madera con las que hemos ido cosiendo el paralelo cuarenta. Cada vez que nos cruzábamos con él, Toni anunciaba el acontecimiento a bombo y platillo y lo marcaba en el gps. Ella ha intervenido el barco, haciendo que a los dos mástiles les aparezcan troncos pulidos con un ojo en su parte superior y cuya punta se dirige hacia el agua. Prometemos fotos…

Han sido casi 48 horas de navegación en las que l@s cuatro tuvimos nuestro particular viaje, horas de silencio, a medio camino entre el sopor y la vigilia. Mirando el cielo, el horizonte y celebrando las pequeñas historias del viaje: delfines nada más partir, los grandes buques transportadores y sus luces compitiendo con las estrellas, las minúsculas velellas que remedaban a nuestro velero al caer el sol.

¿No parece la velella un minúsculo velero?

El mar y el viento fueron tranquilos, oscilamos entre los 5 nudos en los momentos en los que tuvimos que ir a motor y los 7 nudos cuando poníamos las velas. El Brancaleón, se mueve como un venerable barco por el mar, sabiendo lo que hace. Apenas hace unas horas se apuntó nuestro nuevo fichaje. Maria José. Este viaje está declinado, desde luego,  en femenino.

L’Alguer

14 de junio de 2012

by MARTHA ZEIN

También viene de aquella lengua el término laud o llaüt, como otras embarcaciones  de la época (paramola, escálamo, car, batallol, latino…).

Tramontana, llaud… son parte de las palabras comunes de esa lingua franca que un día unió las orillas de este Mediterráneo. Bordeamos Cerdeña. En el noroeste de la isla se asoma a la costa L’Alguer. Sus habitantes también luchan por mantener vivo su idioma, un catalán con influencias del sardo y el italiano. Antes de partir nos unimos a la lluita por la llengua. Desde el Brancaleón, y en medio de este mar digo al viento que Jo també sóc mallorquína d’adopció i em declaro a favor de la llengua pròpia.

Trucos para una buena travesía:

14 de junio de 2012

by MARTHA ZEIN

Leo antes de partir blogs que recomienden trucos para hacer más liviana la travesía a Cerdeña. Acumulo datos:

Aparejo reducido, arneses, ropa de abrigo y trajes de agua, comida preparada de antemano y cosas enérgeticas para picar (y así no complicarse la vida navegando), un mp3 con radio para distraerse en las guardias, porque hay tráfico de mercantes (especialmente norte-sur) y evidentemente hay que vigilar. No salir con fuerza 7, porque dos noches de vigía no nos la quita nadie y eso es cansado.

Voy de la emoción al miedo y de ahí a la alegría. El lugar desde el que escribo facilita esta emoción. He dejado este post en el congelador, mientras lo leéis estaremos precisamente en medio de esta experiencia. Quise dejarlo en el aire antes de irme, porque sé que relameré estas horas en las que escribo desde un bar pequeño y alegre en el puerto de Maò. Se llama El Muelle y el alma  del local es Esther, una joven que no dejó de reir, hacer bromas y cantar mientras atendía a los clientes desde que llegamos a tomar el último desayuno de tierra.  Su acento de Córdoba (Argentina) resulta energizante.  Aquí la tenenéis, junto a Paco, el cocinero, y Jorge, un amigo.

Y aquí el último retrato del Brancaleón antes de la partida. Revisamos el velamen que hoy nos lleva…

Lo último que haremos antes de partir será tomarnos un baño, aquí el Brancaleón en Cala Sa Cova

by MARTHA ZEIN

A las 7 de la mañana estaba sonando en el ordenador la música que nos pasó Alice, a las 8 hacíamos la siguiente crema para la travesía, a las 9 colocábamos las velas… mientras hacemos los últimos preparativos van saludándonos las pequeñas cosas que el Brancaleón ha ido sumando en estos días. Todas tienen una historia, una sonrisa prendida, el resultado de un intercambio.

Ya lo hemos dicho antes: Este viaje es una de las muchas “microfisuras de improductividad antimerkel” que podemos hacer mientras nuestr@s próceres siguen haciendo sus sangrantes cuentas y de paso encojen nuestros corazones. Desde aquí nos sumamos a todas las iniciativas que ya se están produciendo en busca de una vida más sostenible, equitativa, respetuosa… Decimos en alto que en el Brancaleón se practica el trueque, es decir, procuramos reducir al mínimo el intercambio de moneda en nuestras transacciones. De hecho sólo así ha sido posible que el velero volviera a navegar.

Para empezar, Giacomo Di Stefano nos dejó el barco en el que ha navegado y vivido durante seis años por el Adriático, el Egeo y algunos rincones del Mediterráneo en particular forma de sensibilizar a los seres humanos sobre el uso del agua y concretamente la vida de los ríos europeos. Si pincháis la foto saltaréis al blog de su viaje, que a estas alturas está siendo muy duro. El tema que ahora centra sus conversaciones es la guerra de la ex Yugoslavia. Hasta esta zona nos acercaremos por mar…

En estos meses en los que él está recorriendo a remo el Danubio y el mar Negro hasta llegar a Estambul, nosotr@s (las 22 personas que por el momento se han apuntado a navegar en el Brancaleón), tomamos su testigo manteniendo vivo el barco. Él nos cede el barco, nosotr@s se lo devolvemos reparado y lleno de renovadas experiencias. Durante los meses de preparativos Toni fue encontrando las piezas en lugares alternativos o tras implicar a personas de buena voluntad, que hicieron su trabajo con un valor añadido: la implicación en el proyecto.

Aquí van algunos rostros. Por ellos estamos aquí, a punto de partir hacia Cerdeña.

Miquel apadrinando la cocina. Con sus dos herman@s, ha hecho una bandera con todas las cosas que hay en Santa María (donde viven) para que no se nos olvide. Por ejemplo, patatas.

María apadrina el camarote de popa. Falta Toni (la cámara se comió el momento en el que apadrinaba el timón).

Lucas Reynes nos tapizó los asientos

Gori Morey conoce los secretos del motor

Marta conoce nuestras velas palmo a palmo.

Chau… hasta dentro de 200 millas (como poco)

by MARTHA ZEIN

Las paredes de Maò dicen que el camino es lento como un caracol y tiende al cielo

Nuestro recorrido por Menorca ha sido por el sur, tal y como ha querido el viento. Hemos estado fondeados en cala Son Saura, cala Sa Cova… para terminar en el puerto de Maò, donde conseguimos un amarre para el Brancaleón gracias a Carlos, responsable de Menorca Nautic, una empresa de charters de barcos con 20 años de experiencia en Menorca.

Gracias a él y a su equipo hemos conseguido que la espera y los preparativos para la travesía a Cerdeña sean más ágiles. Aquí le tenéis (le arrancamos de su despacho). 

Podría parecer que Carlos mira a cámara pero no es del todo cierto. Frente a él está el Brancaleón, y en cubierta Toni haciendo manualidades, protegido del sol. Si os fijáis en la foto veréis que el número de nuestro amarre es el 40. Ayer nuestra amiga Nuria, de la que ya os hemos hablado, reparó en ello.

40 es la latitud por la que transitaremos hacia Cerdeña… y el número que protagoniza su proyecto artístico.

La Tramontana nos está obligando a tomar conciencia del trayecto, respirar hondo, fortalecer nuestros lazos de amistad con amig@s, como Leticia y José, almas de Lithica, una cantera recuperada en 1994 por iniciativa de un grupo de habitantes de Menorca que querían impedir su desaparición. Entramos y salimos del tiempo y la realidad terrestre, y es de esa manera intermitente que nos damos cuenta que Menorca se prepara para las fiestas de Sant Joan.

En estos días  el protagonista es es Be (el cordero) que en breve recorrerá, lavado y adornado, las calles de Ciudadella, en los hombros del homo des Be.

Hace un par de días lavaron el animal. El de este año pesa 35 kilos. No veremos la ceremonia en la que, el sábado anterior a las fiestas, bajan al cordero de la finca a la ciudad para velarlo toda la noche. Al día siguiente es homo d’es Be le tomará sobre el cuello, vestido con dos pieles, los pies desnudos, que, junto a los brazos irán señalados con cruces encarnadas. En la cabeza, llevará una especie de visera en la que va bordado un “Agnus Dei”. Toni, sólo recordar el toc de dol, que suena en siete ocasiones, se estremece.

El mismo día en que le lavaban, Meritxell se subió al palo de la mayor. Ella teme las alturas, vamos, que sabe qué es el vértigo. Pues, aunque suene paradójico, se ofreció a subir al mástil a desenganchar dos cabos. Tenemos algunas tomas, pero tendréis que verlas en otro post. El miedo fue confrontado y lo celebramos por todo lo alto, al más puro estilo pirata. Rooooon, la botella de roooon. Meritxell ya ha vuelto a Mallorca, en un particular viaje circular. Pero para nosotr@s es como si no se hubiera ido. Aquí se quedaron pegadas algunas de sus sonrisas. 

Mientras en tierra tod@s nos preguntan cuándo nos vamos, voy comprendiendo que en el agua ningún camino es recto.

by MARTHA ZEIN

Un dia mi hermano Oskar llegó a la conclusión, muerto de la risa, que una buena forma para ligar a una chica es meter la pata hasta el corvejón nada más conocerla… !Porque a partir de ese momento todo siempre irá a mejor! Recordé esta anécdota cuando supe que la zona en la que está ubicado el puerto de Bonaire (que tan bien nos ha acogido durante meses) se denomina Es Mal Pas. El topónimo hace referencia a cómo era el camino por el que pasaban los contrabandistas a la hora de burlar a los carabineros. En este caso, por lo visto, se trataba de un trazado poco recomendable.

Pues bien, los últimos preparativos los hicimos bajo un calor sofocante. Mirad el vídeo que hizo Jaume Roselló de la partida. Está colgado en su recomendable videoblog MallorcaTV

Nada más salir del puerto y dejar de ser objeto de atención de las cámaras, el cielo oscureció. El viento venía con fuerza del sudeste y el mar nos esperaba con una marejadilla un poco pendenciera. Sacamos los chubasqueros y comenzamos las maniobras. Tras varios bordos, con todas las velas izadas,  comprobamos, de nuevo, que el Brancaleón navega de forma serena y elegante. Profecía cumplida: Cuando el punto de partida está en Es Mal Pas es que el viaje no puede ir más que a mejor.

La travesía hacia Menorca duró algo más de ocho horas. Partimos a mediodía y llegamos a media noche. Navegamos siempre escorados, a buena velocidad, llegando a alcanzar picos de ocho nudos y medio. Mientras tanto, Meritxell canturreaba para sí… y advertía los detalles del recorrido. Fué ella quien avisó que el sol caía en el horizonte como una gota de miel. Durante el camino Toni y yo, como siempre, hicimos nuestra “limpieza gastrointestinal” al tiempo que manejábamos el velamen. Forma parte de nuestra adaptación a la vida en el agua. Yo me lo tomo como una experiencia de tránsito.

Antes de irse, Jaume inició el pequeño ritual que he inventado para este viaje. Lo llamo “la tisana del buen rollito”. Sí, un pequeño ritual… En ciertos viajes fijar un acto y repetirlo cada día ayuda a tomar tierra, no importa en qué consiste, lo importante es convertirlo en un momento para parar y tomar conciencia de lo hecho. En este caso se trata de meter una palabra de “buen rollo” en esta botella azul. La lanzo cada noche al mar y la recojo cada mañana. En ella irán enlazándose al azar las emociones bellas de quienes vivan en el barco. Quizás al final haga un relato con todas…

La tisana del “buen rollito”, esta mañana

A continuación Jaume y Meritxell (nuestra particular polizón) entrando en el juego del buen rollito. Sus palabras quizás contribuyan a reparar de algún modo este mar que nos acoge y que tantas orillas lame.

Jaume y Meritxell, en plena reparación…

Mientras giramos lentamente en torno a Menorca, por el sur, en busca de un buen viento para saltar a Cerdeña, hacemos los últimos retoques al Brancaleón y disfrutamos del entorno y las buenas compañías, lanzo cada día esta  particular tisana de buen rollito al mar, una forma de dar gracias por lo vivido.  Y ahora, hoy, les agradezco particularmente a Jaume y Meritxell por todo lo que nos han dado desde que partimos. Nos ayudaron a hacer el cabotaje, nos empujaron a dejar la orilla, nos regalaron sonrisas cuando nuestro cuerpo iba por detrás de nuestra voluntad y, fundamentalmente, creyeron que este viaje es posible.

Gracias a l@s d@s, por vuestra generosidad y entusiasmo. De vosotr@s tomamos apuntes… en este particular taller de reparaciones en el que puede convertirse nuestro viaje a bordo del Brancaleón.
!Por el momento seremos 25 los que nos subamos!

by MARTHA ZEIN

El agua transmite los sonidos con más fluidez que el aire y yo fantaseo que mi oido se transformará y seré capaz de escuchar asuntos lejanos… Mientras tanto, sorda empedernida, acepto las propuestas de Masaru Emoto, cautivada por la belleza de sus moléculas de agua. Jajaja! Si es tan bello no puede ser mentira, ¿No?  Es más… !Qué más da si no la “entiendo”!. Contemplad:

¿Cuántos cristales como éste dormirán en una gota del Mediterráneo? ¿Y en una gota de este vaso que sorbo? ¿Y en esa que se desliza por mi frente? ¿Y esa que salpica la regala del Brancaleón?

¿Qué estará gritando esta manifestación de gotas?. Es una foto de mi amiga Tonyi Bibiloni